domingo, 14 de agosto de 2011

El estado de naturaleza, y así.



Es mejor caer en las manos de un asesino que en los sueños de una mujer ardiente
Federico Nietzshe

Tres días de maratón emocional. Momentos de contemplación y demás cursilerías fueron parte de mi fin de semana. Me encontré en un lugar en medio de la nada donde vi de todo. Ni facebook, ni twitter, ni nada. Sobreviví y no fui víctima del patatús. Eso sí, mis pulmones se dieron un buen descansito, creo que regresaron a su color natural.
            La ociosidad me invadió ferozmente y, en consecuencia, me vinieron a la mente muchas preguntas. Resalto una de ellas: ¿Cuánto nos cuesta separarnos de nuestro control material? Piénsele tantito, los metropolitanos ya no estamos acostumbrados a ver pastito verde (y no me refiero a la mota). Con todo el frenesí natural me fue difícil concretar un tema… pareciera que estuve en  pausa.
            ¿Pues qué le digo? Mañana regreso al reclusorio de intelectualoides. Por supuesto que no es una noticia que me alegre mucho. Sin embargo, el simple hecho de regresar me recuerda que el tiempo pasa, uno cambia y tu gente ya no es la misma. Me fui con la idea de darme un descanso a priori del CIDE. Nunca entendí dónde quedaba “el rancho” en el que estuve. Me fui con la idea de estar en Guanajuato y creo que anduve en el mismísimo Edomex. Pero, como siempre, esa es otra historia.
Le hago una pregunta: ¿Qué tan confiado se siente al viajar por carretera? Al menos, a mí no me inspira confianza alguna. Le cuento, en el pueblo en el que me encontré se nos ocurrió la grandiosa idea de ir a la feria local. Mágicas sorpresas de la vida, el lugar estaba en una parte de la carretera de cuyo nombre no quiero acordarme. Al llegar te recibe un grandioso equipo de policías con rifles; uno ya se sentía de por sí temeroso. Imagínese mi nivel de paranoia.
Típico que uno se pregunta en esas situaciones: ¿Por qué no hacer una relación entre el Estado mexicano y el estado de naturaleza de Hobbes? Pues aquí sobrevive el más fuerte. ¿O no, apá’? Armas picudas, impunidad, corrupción, políticos que no representan a nadie (súmele lo que falte, con confianza), son una mala combinación.  ¿A qué me refiero? Mientras uno piensa en qué tan maravilloso es el retiro a la naturaleza, la cruda realidad regresa al ver a las calles cercados por fuerzas policiacas.  Hobbes partía de un supuesto: el hombre, en el estado de naturaleza, es malo malísimo y requiere de un Leviatán que imponga el orden mediante el uso monopólico de la fuerza (saliendo del estado de naturaleza). El Leviatán es algo así como lo que aspira a ser el Estado mexicano: una autoridad (y todo lo que esto implica). Curioso, en el estado de naturaleza el más “fuerte” sobrevivía, el otro pos’…
El monopolio de la fuerza quiere decir que sólo un ente puede ejercer la fuerza a gran escala. Cada día se demuestra que Calderón no es el único que dispone de todo un ejército. De nuevo, lo invito a que haga algo: ¿Quién puede más? ¿Nuestro Leviatán (Estado mexicano) o la sinrazón de algunos matones? Yo pienso que el primero. Sin embargo, para mí el futuro es incierto. Vea usted a sus gobernantes: ¿No será que las fuerzas enemigas tienen el control de una parte de nuestro Leviatán (y en consecuencia el uso de la fuerza del Estado)? Creo que sí, y la violencia desmedida es una prueba fehaciente de que retrocedemos, que aquí vivimos bajo el régimen del más “fuerte”.
Me confieso fan del fetichismo legal  de Lamaitre[1]. Algunos políticos sienten que todo se soluciona con leyes, y así. Nos dicen que hay reformas de ley, nuevas leyes, eliminación de leyes obsoletas, etc. ¡Claro que son avances! Pero, la realidad fáctica es otra. ¿Apoco no está muy bonito esto de los derechos humanos y sus reformas? Sólo un detalle… ni el Estado, ni nosotros, sabemos respetar cosas básicas como la vida. Con todo y el caso Radilla (decisión trascendental de la SCJN) los abusos a la vida humana son el PAN de cada día. Ya no se nos hacen raras las portadas de algunos “periódicos” con un número de personas a los que la Reina Roja mandó decapitar.
El estado de naturaleza no conoce de derechos humanos y demás cursilerías. Lo grave es que nuestro Leviatán tampoco conoce nada en esa materia. Se ratifican jueces expuestos a la luz pública que violan claramente garantías individuales, esto es delicado. Y claro que lo anterior es una directa a Héctor Palomares, “juez” de Presunto Culpable… neta, sólo en México les dan más chamba por una labor tan reprobable. Como ciudadanos la tenemos difícil: o nuestro Leviatán premia a la corrupción, o éste se está debilitando a tal punto que ya nos acercamos al estado de naturaleza.
            Y, ¿cómo vamos a rescatar a este país si la mayoría sostiene un lenguaje excluyente? Neta la tolerancia aquí es un cuento y nada más. Nos creemos dueños de la gente de abajo. Los billetes en tu cartera te dan un estatus social, ese es el sistema. No, no soy comunista. Pero, basta con ir a un pueblo en medio de la nada para darse cuenta que existen mundos paralelos. Unos condenados a seguir tal y como están: fregados. Por lo tanto, ¿Qué derechos humanos? ¿Qué respeto a nuestra sociedad? Siempre lo he dicho, el cambio está en nosotros. Si no nos gusta ver a un país inmerso en la violencia, intentemos cambiar y promover ese cambio. Intentemos respetar más al otro por el simple hecho de ser humano. Si tu compras el periódico por el morbo de ver con cuántas balas lo/a mataron, estás mal.
            Nuestro Leviatán no se va a fortalecer hasta que nosotros lo hagamos, ¡Urge construir ciudadanía! ¿Por qué? Por el simple hecho de que nuestro país está fregado. No simpatizo con el señor AMLO, pero, ¡Qué razón tiene! Sólo el pueblo puede salvar al pueblo.
            Fin de semana de naturaleza, de estar lejos del caos de la ciudad. La realidad es una muy distinta a las comodidades del rancho. Somos personas, merecemos respeto y trato equitativo.  Creo que Nietzshe  no se imaginaba la realidad en que viviría México al decir: “Es mejor caer en las manos de un asesino que en los sueños de una mujer ardiente”.




[1] Visible en http://www.law.yale.edu/documents/pdf/sela/JulietaLemaitre__Spanish_.pdf.

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