lunes, 5 de diciembre de 2011

Páginas en blanco, una pluma medio vacía y la pereza emocional: ¡Voila!


Si no te interesa mi teoría, no sigas leyendo.
Bueno, allá va. Creo que te da miedo ser feliz, ****. Creo que crees que lo más natural es que tu vida sea triste, gris y sosa, y odiar tu trabajo, odiar donde vives, no tener éxito, o dinero, o novio. (¡Lagarto, lagarto! Una pequeña discursión: todo ese rollo de menospreciarte por poco atractiva ya empieza a aburrir, te lo aseguro.) Yendo aún más lejos, te diré que me parece que en el fondo disfrutas de estar decepcionada y no desarrollar tu potencial, porque es más fácil, ¿no? El fracaso y la infelicidad son más fáciles porque puedes hacer bromas ¿Te molesta leerlo? Seguramente sí. Pues no he hecho más que empezar.[1]

Sí, ya empieza a ser aburrido el mismo discurso. Nadie quiere escucharte, ¿ con uno mismo no debe ser suficiente? Claro está que la notación **** se refiere a muchas y muchos. Cicatrices y miedos acumulados nos confunden y llegamos a creer que el deseo se asemeja mucho al amor. ¿Estamos preparados para el momento? Ya sabes, me refiero a dar lo mejor de ti y no los restos del que algún día fuiste. ¡Qué razón tiene el mensaje del autor de este fragmento! La vida a veces se disfruta más con un manjar de lamentos que nos conducen al mismo destino: aquí, justo aquí.
            Añorar la sensación de volar con un beso o de realmente creer que todo mejora con un simple “te quiero” es un síntoma de las nuevas costumbres. Ya no sabe igual y pensamos que la magia regresará al repetir desmesuradamente el mismo camino. El resultado es el mismo, la intención de enamorarse de la vida no. Juguemos a las aventuras emocionales, construyamos algo para lo que somos muy buenos: un mercado de personas. La oferta coloca como los bienes más preciados a aquellas personas que cumplan con los requisitos de belleza contemporánea. El demandante podrá adquirirlos si cumple con el suficiente ingreso (de algo  que ya no sé si es sólo dinero) y si logra ser un excelente as en la persuasión.
Y ya que somos tan buenos en comprar y desechar personas, he de deducir que somos en demasía negligentes. Todos están constituidos a nuestro modo y nadie saldrá lastimado. Pues, las reglas del juego ya son conocidas y ejercidas por todos, ¿no?
 Un lugar desafortunado para los soñadores.  Se levanta, se mira, y, ¿después? A continuar con una vida en busca del éxito. La felicidad, la plenitud espiritual, puede quedar agendada para otro día. La frente ya no está en alto, está a medias. El pensamiento corre, las ideas son apresuradas: continuar, continuar. Gris, monótono, lamentable. Seguimos caminando y cuando  aparece un ser lleno de luz ya no es invisible. ¡Hay que continuar, ganar éxito!
            ¿Nos habremos equivocado? Aceptamos la ruta, nos conformarnos con nuestro lugar en la curva de oferta. ¡No! No debió de haberse construido así. No hay un destino escrito, no es cierto que la felicidad esté en venta. Estar listos para la foto en todo momento significa sonreír, convertir a la cara en el mejor representante de lo que pasa dentro del corazón. Sin miedos, sin necesitar esa máscara que en lugar de ser incluyente, nos excluye de nuestra naturaleza. Ya he planteado muchas preguntas, la conclusión es asunto de cada quien.
¡Hasta la victoria, siempre!


[1] David Nicholls, Siempre el mismo día (México: Océano, 2010), p. 56. 

lunes, 21 de noviembre de 2011

Buscando sentidos.


“No dejes que te afecte”. “Son cosas sin importancia”. Y un montón de palabras fáciles de pronunciar, difíciles de practicar. ¿Qué sentido tiene una victoria si apenas y se recuerda la lucha? Un beso no sabe tan bien sin el latir acelerado del corazón. Pobre corazón, apenas y recuerda qué se sentía tener la piel a mil por hora.
            ¿Dónde quedaron esos sentidos que hacían todo tan sencillo? Nuestro peor enemigo: la amnesia voluntaria. ¿Por qué? No lo sé, tal vez ya lo olvidé. Eso sí, puedo recordar aquella sonrisa que podía durar una semana, un año. Caminar por este camino ya no es tan divertido. Levantar la mano, levantar la voz… ¿Para qué?
            Puede que lo sea, y puede que no. ¿A quién le importa tanto mis etiquetas? Distinguirnos entre tribus nos ha alejado muchísimo: mantener una conversación es el mejor ejercicio de soberbia. Ayer sólo era charlar sobre cosas humanas. Hoy sólo platicamos de tecnicismos, nos alejamos velozmente.
            La soledad habita en un cuarto repleto de personas que tienen horarios tan definidos. Cuando la incertidumbre llega el ansia come las mentes de estos sujetos. Cuando el enojo se avecina, la estabilidad es cosa de nada. Pero, eso sí, si llega el amor pareciera que la estupidez (por dejar la cotidianidad) es un factor común.
            Llámame estúpido, pues. No por enamorarme, sino por dejar de hacerlo. Vivir monótonamente, pensando que amarrar es asegurar un te quiero, es la mejor y más clara expresión de necesidad. Te necesito, los necesito. ¿Por qué? El espejo ya no es suficiente, la sonrisa es débil y el cuerpo mismo ya es inseguro.
            No, no es que sea difícil volver a encontrar alguien como tú. Es imposible. Tu perfección se requiere aquí, pero, lo que más se extraña (y pide a gritos) es tu felicidad. Ni 100 lecturas pueden regresarme aquellos momentos. No los quiero. La búsqueda consiste en encontrar sentidos, objetivos. Hacer las cosas mundanas con gusto. ¿Por qué? Porque ahí habré regresado, habrás regresado. Te amo.

sábado, 5 de noviembre de 2011

MI MEJOR AMIGO



Alguien para cantar a horas nocturnas, sentados en el coche inmóvil, encerrados por un tráfico tremendo. Tantas personas vienen y van que ya es difícil decir “amigo”. La perversión de la confianza ya no es cosa nueva. Sin embargo, tu mano siempre ha estado disponible para levantarme.
            ¿Qué puedes regalarle a una persona tan especial? Tú mismo me has enseñado que lo material se extingue con el paso del tiempo y que el dinero, tan vulgar, es sólo ese algo que viene tarde y se va temprano. Insisto, no es fácil encontrar a alguien como tú.
            ¡Por supuesto que mereces celebrar un año más de vida! Pero, te conozco como a un hermano. Sé que tu vida es una fiesta constante de logros para disfrutar y de derrotas para aprender. Todas tus enseñanzas las tengo muy presentes y así estarán, de aquí a la eternidad, mi mejor amigo.
            Gracias por tanto que me has dado… Enseñarle a una persona el atreverse a superarse y a crecer es una cualidad que tú tienes y tendrás. Te admiro por tus pisadas de gigante hacia el futuro. Te reconozco tu coraje para ser el mejor. Si yo he dejado la cobardía en más de una ocasión ha sido por tus palabras (duras, pero necesarias).
            Ni de un bacacho, ni de un cigarro: tu diversión viene por sí sola. Increíble encontrar a una persona que valore mucho más a una página de conocimiento que a simples superficialidades. Alguna vez lo dije, más que mi amigo eres mi familia. Gracias, de nuevo, por ser mi mejor amigo.
            Los días van a seguir pasando y estoy seguro que también cada una de tus locuras. No obstante, ¿qué seríamos si fuéramos simples y aburridos humanos? La cotidianidad no te distingue, tus logros sí. Hoy yo voy a levantar las manos, por un momento, para celebrar que mi mejor amigo está aquí, conmigo.
            Así que a encender la radio con tus canciones favoritas y sonreír porque esta batalla la estás ganando. Yo siempre voy a estar a tu lado para acompañarte en tu lucha, y sé que tú también lo harás. Qué bien sabe la vida cuando tienes a ese alguien para confiar, siempre te estaré agradecido.

Mi mejor amigo se llama y llamará Rogelio Mancilla.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

UN NAUFRAGO EN EL AMOR


¿Te resulta muy hipócrita un “hola”? No hay mucho que hacer, las palabras ya se me acabaron. Quisiera decirte que sólo eso es escaso, pero mentirte no se me da. Disculpa mi falta de propiedad: las lágrimas ya me han desesperado. Me he perdido y, por supuesto, tú no tienes la culpa. La única culpable fue la situación que nos juntó alguna vez.
            Puedes pensar que se trata de nosotros, como conjunto. Sin embargo, eso ya quedó atrás. Un conjunto es de dos componentes estables. Ni tu corazón ni el mío laten en sintonía. Se trata de mí y mi estúpido amor por la historia. No quiero ajetrearte con una escena ya superada. Pero, quiero contarte que traté de respirar tu aroma para sentirme bien. Fallé como es común últimamente. No pude encontrarlo, y cuando pensé que lo había hecho mis ojos me sumergieron en una realidad lesiva: no eras tú.
Te pregunté que qué nos había pasado y nunca respondiste. Hoy me levanto del piso frío y sabía que me hacía falta algo, no eras tú. ¿Para qué disculparnos por estúpidos acuerdos (en el que ganaba quien lastimara más al otro)? Ya lo dijiste: “lo hecho está hecho”. Sólo puedo pedirte que detengas el robo de aquellos segundos que no me dejan volver a respirar otras esencias. Sí, siempre fui el culpable de imaginar, de no querer observar y conformarme con sólo ver.
            Tus ojos y tu caminar no me pueden mentir. Yo ya me quedaré callado. Las fuerzas se me acaban, pero después de la tempestad algo ha de venir. Simplemente pido reencontrarme. 

jueves, 27 de octubre de 2011

90% de alcohol y 10% de representación (sic)*

“Consideramos que este planteamiento (la reelección consecutiva de legisladores federales) es correcto pues durante el primer periodo en el cargo respectivo no es posible realizar una evaluación correcta de su comportamiento como legisladores”[1].

Una democracia imaginaria crece en la mente y corazón de algunos valientes. Las conquistas parecen tan cercanas que la derrota, que llega tan pronto, sabe amarga y hiere. El pueblo de México sigue dormido y no da señales de querer cambiar.
            Seguimos sufriendo los efectos de los mal diseñados ciclos electorales en nuestro país, la coordinación entre poderes parece una utopía que nos cuesta mucho (dinero y coraje). El ciudadano Felipe Calderón ya no tiene mucho que hacer con un Congreso en donde las voces particulares apenas y producen eco, la verdadera negociación está a cargo de los siete caballeros del Zodiaco (en términos legales: coordinadores parlamentarios).
¿Y a quién le importa lo que hagan o dejen de hacer nuestros legisladores? - Como todos los días, el señor Chindasvinto se levantó de su cama, le dio un beso a su esposa y despertó a sus hijos. Abrió su refrigerador, como de costumbre, y volvió a fruncir el ceño por la escasez de comida. Se despidió de su esposa deseándole un buen día. Introdujo su mano en la bolsa derecha de su pantalón: sólo tenía 16 pesos. Fueron 8.5 pesos del camión y 6 pesos de los boletos del metro, por lo que tendría que pedir prestado a su mejor amigo del trabajo para poder comer y regresar a casa. Ya en la entrada del metro se escuchaba el tradicional grito de aquel sujeto que vendía los periódicos. El más barato era el de “a peso”, comprar “El Universal” le era imposible a Chindasvinto. Además, ¿A quién le importaba aquella primera plana que apenas y le era comprensible con el título “Sepultan diputados reelección legislativa”? Todos son iguales…
Por supuesto que lo anterior es una ficción, pero no dudo que sea la historia de más de uno. En consecuencia, aquellos que afirmaron que toda la ciudadanía protestó en contra del voto del PRI, PVEM y PANAL en la Cámara de Diputados al discutir el tema de reelección consecutiva de legisladores cometen un grave error. Chindasvinto, también llamado “el ciudadano promedio”, apenas y se enteró de que le fue arrebatada la oportunidad de destruir al peor enemigo de nuestro Congreso: el sistema de fracciones parlamentarias. De nuevo, la “representación popular” fue el diputado ausente en la sesión ordinaria y su falta desgarró la poca investidura que le quedaba a ese conjunto de 500 cabezas.
Los tiempos de los grandes héroes de la patria, de los grandes jefes del Estado mexicano, van acabando. Fox no significó un cambio en nuestro sistema político, Calderón llegó deslegitimado y el siguiente llegará con una sociedad que permanece apática. Casualmente, en el lenguaje cotidiano el legislador vale un comino, no parece importante, no es tomado en cuenta como un sujeto que tiene obligaciones hacia nosotros.
¿Quién representa? ¿Quién puede comunicar el deseo del pueblo? Aquellos que digan “yo puedo” son valientes porque representar a quien no quiere ser representado es una tarea difícil. A la nación mexicana poco le importa el grupo de élite, que también se dicen diputados/senadores.
Nuestra plaza para denunciar los abusos del poder se encuentra medio vacía. Las demandas son muchas, las voces son pocas.  ¿Todos son iguales? ¿Qué tal que nuestros gobernantes son el reflejo del pueblo?
No obstante, no todo fue tan malo ya que sí estuvieron presentes diputadas y diputados que, insistentemente, sostuvieron la viabilidad de aprobar la reelección consecutiva. Entre ellos estuvo el diputado Jaime Cárdenas[2] que en años anteriores ya había aportado su crítica al tema diciendo que  la reelección consecutiva: 1) estimularía la profesionalización de los legisladores (fortaleciéndolos frente al Ejecutivo), 2) constituiría el mejor mecanismo de rendición de cuentas a los ciudadanos (quienes podrían premiar o castigar), y 3) se lograría una mayor independencia del legislador frente al ciudadano[3].
Me decían algunos diputados del PRI: “si aprobamos la reelección legislativa, los futuros diputados se perpetuarán en el poder”. Sólo que ellos ignoraron, voluntariamente,  que sólo el 40% de los legisladores en América Latina continúan en sus cargos[4]. Tal vez porque la reelección profesionaliza al legislador dándole incentivos para quedarse, si realmente le gustó la actividad legislativa, o buscar otro cargo de elección popular. Decirle que no a la reelección legislativa sí es tenerle miedo al castigo que la ciudadanía podría imponerles a los malos diputados y senadores. Se les olvida que de donde emana el poder es de nosotros, la gente. Tenemos el derecho pleno de castigar o premiar a nuestros funcionarios, y ellos deben reconocerlo incorporándolo a nuestro sistema jurídico.
Este artículo está especialmente dedicado a los tres diputados federales del municipio en donde habito: David Sánchez, Sergio Mancilla y Rodrigo Reina.

Paco Rubio.
Twitter: @pacorubioo


El título hace una parodia a las palabras emitidas por el diputado Julián Nazar Morales, en la sesión ordinaria del 25 de octubre de 2011, dirigidas al diputado Porfirio Muñoz Ledo.
[1] Ignacio Burgoa, Derecho Constitucional Mexicano (México: Editorial Porrúa, 2009), 1048.
[2] Diputado federal por el Partido del Trabajo.
[3] Jaime Cárdenas, Edgar Corzo, Eduardo Ferrer, Víctor Martínez, Ricardo Sepúlveda & Dora Sierra, para entender La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos,  (México: Nostra Ediciones, 2007),  229.
[4] Gabriel Negretto,  La dimensión electoral de la reforma política, en Debatiendo la Reforma Política,  ed. Gabriel Negretto, 59 (México, Centro de Investigación y Docencia Económicas, 2010).

domingo, 21 de agosto de 2011

¡Que le corten la cabeza!

“Discúlpeme señor Presidente, yo no le puedo decir ‘bienvenido’ porque para mí no lo es. Nadie lo es porque aquí son más de dos años que se están cometiendo asesinatos […] y nadie hace nada. Yo quiero que se haga justicia no nada más para mis dos niños, sino para todos los demás niños. Yo no puedo darle la mano, decirle ‘bienvenido’ porque para mí no es bienvenido […] Juárez está en luto”.[1]
            Esas fueron las palabras de una señora cuyos dos hijos fueron “daños colaterales” del ejército mexicano. Ella es un ser humano víctima de una estrategia de seguridad que no ha traído nada bueno al país. Ella es víctima de un gobierno sin legitimidad, que gobierna con base en la violencia.
            ¿Qué pasa con nosotros? Ayer, desafortunadamente, se presenció en cadena nacional el horror que experimentaron algunos ciudadanos. ¿Por qué? Por el inicio de una balacera mientras se llevaba a cabo el partido de football “Santos vs. Monarcas”. “¿Qué pasó, qué ocurrió? Hay balazos. ¿Qué está ocurriendo? Todos están corriendo. Sí señor, ya estamos atrás de la cancha de Morelia, la verdad se están escuchando las detonaciones, muy desagradable la verdad. Todos estamos tirados al suelo […] Algo que no se había visto en el football mexicano. No sé si en el football mundial”[2]. Esas fueron las palabras de los conductores de TV Azteca.
            Ayer dije en una red social que Calderón debía renunciar. Las reacciones fueron distintas. Algunos en favor de mi posición, otros me tacharon de intolerante y de tener pocas propuestas. Una persona dijo que el partido, con la balacera, “se puso muy bueno”. Otra persona dijo que era una falta de respeto que yo subiera el video a mi página y que hiciera comentarios ofensivos a Felipe Calderón. Aclararé algo, la esfera privada de ese señor es muy respetable, sin embargo, creo que a algunos se les olvida que él (se supone) es jefe del Estado mexicano. Los comentarios que yo expongo es respecto a su actuar como Presidente (legítimo o no).
            Aclarando lo anterior, me pregunto: ¿Por qué seguimos siendo tan indiferentes ante un sujeto que no ha podido frenar la ola de violencia en nuestro país? ¿Por qué pedimos respeto ante un Presidente que ofrece dinero a las familias que han perdido a sus seres queridos por las labores del ejército? Yo no comparto su posición, para mí sí hay un responsable de la política de seguridad actual y se llama Felipe Calderón. Y si eso no es tenerle respeto (según la costumbre de algunos), pues yo no tengo mucho que debatirles. Prefiero denunciar a un funcionario que no está haciendo bien su trabajo, y lo seguiré haciendo.
            Me dijeron poco tolerante. Yo, en verdad, espero que nunca vivan una experiencia como la que vivió la gente de Torreón. Esa gente, lo aseguro, soltó más de una mentada de madre. ¿Son unos irrespetuosos? Por favor, ¿Qué moral tan doble moralista profesamos? No hay peor ceguera que no querer mirar, dice una cantante colombiana. Pues, aquellos que se sienten ofendidos por la crítica dura hacia Calderón, no quieren ver que el tejido social mexicano está dañado. Somos víctimas de la indiferencia, somos víctimas de la “prudencia”. Pues, yo no seré prudente. No me gusta ver a mi país sumergido en un campo de batalla (en el que el Estado no está exactamente ganando).
            Sí, buscamos que le corten la cabeza a alguien (en sentido metafórico, no se me asusten). ¿Por qué? Porque, repito, se supone que hay un jefe del Estado. Si no cumple con sus funciones, entonces, ¿Quién lo va a hacer? Me contra argumentaban que el problema no es Calderón, sino el PRI. Que la política priísta, en el tiempo en el que el PRI  estaba en el Ejecutivo federal, propicio el desastre nacional. ¿Qué les puedo decir? Por supuesto que el PRI tiene mucha culpa por haber sido indiferente. Pero, si a esas vamos, también tiene mucha culpa la indiferencia del gobierno de los Estados Unidos, el mercado de consumo de drogas. Porque eso sí, algunos de los que me debatían consumen marihuana, ¿Qué cosas, no?
            Sería un engaño tremendo afirmar que la culpa es sólo de Calderón. ¡Claro que todo el sistema tiene la culpa! Desde los gobernadores (de mayoría priísta), hasta los regidores. Desde el Presidente, hasta la sociedad civil. No hemos sabido querer a nuestro país, seguimos esperando a que Calderón resuelva el país. Mientras, consumidos “n” cantidad de drogas, le damos la mordida al policía y demás cosas. Yo sí creo que necesitamos ser duros y criticar. No se confundan, el que se critique no quiere decir que no haya propuestas. Las hay, y en lo personal las vengo promoviendo en redes sociales desde hace tiempo. He dicho que urge una reforma política que establezca mecanismos de participación ciudadana, que nos urge la reelección legislativa, que nos urgen muchas cosas. No obstante, el suceso de ayer, en Torreón, no se resuelve con cuestiones formales. Se resolverá con una sociedad que denuncie la situación de violencia en la que se vive. Necesitamos nacionales que apoyen a las personas de otras entidades federativas. ¿O, qué? ¿Si no es de nuestro estado no vamos a apoyar? O sea, ¿Si no me pasa a mí no me importa?
            Yo respeto, y lo seguiré haciendo, las posiciones ideológicas de todos mis colegas. Pero, eso no quiere decir que deje de hacer comentarios que a mí me parecen pertinentes. Para mí rezar el respeto a Calderón (y, en consecuencia, hablarle bonito) es una majadería al pueblo mexicano. ¿Entonces le beso el cachete como Sicilia para que Calderón sienta apoyo popular? ¡Por Dios! Qué rápido se nos olvida cómo llego Felipe al poder. ¿Acaso obtuvo el apoyo de la mayoría de los electores?
            ¡Es la política, estúpido![3] Esas fueron las palabras mi ex profesora Érika Ruíz. Tiene mucha razón en su artículo, nos faltan líderes sociales. Además, nos falta una juventud más participativa. Insisto, respeto, pero no comparto.



[1]Cd. Juárez - Reclama Madre De Joven Asesinado A F. Calderón ‘Usted No Es Bienvenido...’”, (DE, 21 de agosto de 2011:  http://www.youtube.com/watch?v=jZeVLPbU7EI).

[2]Balacera En Partido Santos vs Monarcas Morelia 20-08-11 Transmision TV Azteca”, (De, 21 de agosto de 2011: http://www.youtube.com/watch?v=x4bg5ciIpgI&feature=feedf).


[3] Érika Ruíz, “¡Es la política, estúpido!, (De, 21 de agosto de 2011: http://www.animalpolitico.com/blogueros-que-necesidad-tengo-yo/2011/08/19/%C2%A1es-la-politica-estupido/). 

domingo, 14 de agosto de 2011

El estado de naturaleza, y así.



Es mejor caer en las manos de un asesino que en los sueños de una mujer ardiente
Federico Nietzshe

Tres días de maratón emocional. Momentos de contemplación y demás cursilerías fueron parte de mi fin de semana. Me encontré en un lugar en medio de la nada donde vi de todo. Ni facebook, ni twitter, ni nada. Sobreviví y no fui víctima del patatús. Eso sí, mis pulmones se dieron un buen descansito, creo que regresaron a su color natural.
            La ociosidad me invadió ferozmente y, en consecuencia, me vinieron a la mente muchas preguntas. Resalto una de ellas: ¿Cuánto nos cuesta separarnos de nuestro control material? Piénsele tantito, los metropolitanos ya no estamos acostumbrados a ver pastito verde (y no me refiero a la mota). Con todo el frenesí natural me fue difícil concretar un tema… pareciera que estuve en  pausa.
            ¿Pues qué le digo? Mañana regreso al reclusorio de intelectualoides. Por supuesto que no es una noticia que me alegre mucho. Sin embargo, el simple hecho de regresar me recuerda que el tiempo pasa, uno cambia y tu gente ya no es la misma. Me fui con la idea de darme un descanso a priori del CIDE. Nunca entendí dónde quedaba “el rancho” en el que estuve. Me fui con la idea de estar en Guanajuato y creo que anduve en el mismísimo Edomex. Pero, como siempre, esa es otra historia.
Le hago una pregunta: ¿Qué tan confiado se siente al viajar por carretera? Al menos, a mí no me inspira confianza alguna. Le cuento, en el pueblo en el que me encontré se nos ocurrió la grandiosa idea de ir a la feria local. Mágicas sorpresas de la vida, el lugar estaba en una parte de la carretera de cuyo nombre no quiero acordarme. Al llegar te recibe un grandioso equipo de policías con rifles; uno ya se sentía de por sí temeroso. Imagínese mi nivel de paranoia.
Típico que uno se pregunta en esas situaciones: ¿Por qué no hacer una relación entre el Estado mexicano y el estado de naturaleza de Hobbes? Pues aquí sobrevive el más fuerte. ¿O no, apá’? Armas picudas, impunidad, corrupción, políticos que no representan a nadie (súmele lo que falte, con confianza), son una mala combinación.  ¿A qué me refiero? Mientras uno piensa en qué tan maravilloso es el retiro a la naturaleza, la cruda realidad regresa al ver a las calles cercados por fuerzas policiacas.  Hobbes partía de un supuesto: el hombre, en el estado de naturaleza, es malo malísimo y requiere de un Leviatán que imponga el orden mediante el uso monopólico de la fuerza (saliendo del estado de naturaleza). El Leviatán es algo así como lo que aspira a ser el Estado mexicano: una autoridad (y todo lo que esto implica). Curioso, en el estado de naturaleza el más “fuerte” sobrevivía, el otro pos’…
El monopolio de la fuerza quiere decir que sólo un ente puede ejercer la fuerza a gran escala. Cada día se demuestra que Calderón no es el único que dispone de todo un ejército. De nuevo, lo invito a que haga algo: ¿Quién puede más? ¿Nuestro Leviatán (Estado mexicano) o la sinrazón de algunos matones? Yo pienso que el primero. Sin embargo, para mí el futuro es incierto. Vea usted a sus gobernantes: ¿No será que las fuerzas enemigas tienen el control de una parte de nuestro Leviatán (y en consecuencia el uso de la fuerza del Estado)? Creo que sí, y la violencia desmedida es una prueba fehaciente de que retrocedemos, que aquí vivimos bajo el régimen del más “fuerte”.
Me confieso fan del fetichismo legal  de Lamaitre[1]. Algunos políticos sienten que todo se soluciona con leyes, y así. Nos dicen que hay reformas de ley, nuevas leyes, eliminación de leyes obsoletas, etc. ¡Claro que son avances! Pero, la realidad fáctica es otra. ¿Apoco no está muy bonito esto de los derechos humanos y sus reformas? Sólo un detalle… ni el Estado, ni nosotros, sabemos respetar cosas básicas como la vida. Con todo y el caso Radilla (decisión trascendental de la SCJN) los abusos a la vida humana son el PAN de cada día. Ya no se nos hacen raras las portadas de algunos “periódicos” con un número de personas a los que la Reina Roja mandó decapitar.
El estado de naturaleza no conoce de derechos humanos y demás cursilerías. Lo grave es que nuestro Leviatán tampoco conoce nada en esa materia. Se ratifican jueces expuestos a la luz pública que violan claramente garantías individuales, esto es delicado. Y claro que lo anterior es una directa a Héctor Palomares, “juez” de Presunto Culpable… neta, sólo en México les dan más chamba por una labor tan reprobable. Como ciudadanos la tenemos difícil: o nuestro Leviatán premia a la corrupción, o éste se está debilitando a tal punto que ya nos acercamos al estado de naturaleza.
            Y, ¿cómo vamos a rescatar a este país si la mayoría sostiene un lenguaje excluyente? Neta la tolerancia aquí es un cuento y nada más. Nos creemos dueños de la gente de abajo. Los billetes en tu cartera te dan un estatus social, ese es el sistema. No, no soy comunista. Pero, basta con ir a un pueblo en medio de la nada para darse cuenta que existen mundos paralelos. Unos condenados a seguir tal y como están: fregados. Por lo tanto, ¿Qué derechos humanos? ¿Qué respeto a nuestra sociedad? Siempre lo he dicho, el cambio está en nosotros. Si no nos gusta ver a un país inmerso en la violencia, intentemos cambiar y promover ese cambio. Intentemos respetar más al otro por el simple hecho de ser humano. Si tu compras el periódico por el morbo de ver con cuántas balas lo/a mataron, estás mal.
            Nuestro Leviatán no se va a fortalecer hasta que nosotros lo hagamos, ¡Urge construir ciudadanía! ¿Por qué? Por el simple hecho de que nuestro país está fregado. No simpatizo con el señor AMLO, pero, ¡Qué razón tiene! Sólo el pueblo puede salvar al pueblo.
            Fin de semana de naturaleza, de estar lejos del caos de la ciudad. La realidad es una muy distinta a las comodidades del rancho. Somos personas, merecemos respeto y trato equitativo.  Creo que Nietzshe  no se imaginaba la realidad en que viviría México al decir: “Es mejor caer en las manos de un asesino que en los sueños de una mujer ardiente”.




[1] Visible en http://www.law.yale.edu/documents/pdf/sela/JulietaLemaitre__Spanish_.pdf.