domingo, 21 de agosto de 2011

¡Que le corten la cabeza!

“Discúlpeme señor Presidente, yo no le puedo decir ‘bienvenido’ porque para mí no lo es. Nadie lo es porque aquí son más de dos años que se están cometiendo asesinatos […] y nadie hace nada. Yo quiero que se haga justicia no nada más para mis dos niños, sino para todos los demás niños. Yo no puedo darle la mano, decirle ‘bienvenido’ porque para mí no es bienvenido […] Juárez está en luto”.[1]
            Esas fueron las palabras de una señora cuyos dos hijos fueron “daños colaterales” del ejército mexicano. Ella es un ser humano víctima de una estrategia de seguridad que no ha traído nada bueno al país. Ella es víctima de un gobierno sin legitimidad, que gobierna con base en la violencia.
            ¿Qué pasa con nosotros? Ayer, desafortunadamente, se presenció en cadena nacional el horror que experimentaron algunos ciudadanos. ¿Por qué? Por el inicio de una balacera mientras se llevaba a cabo el partido de football “Santos vs. Monarcas”. “¿Qué pasó, qué ocurrió? Hay balazos. ¿Qué está ocurriendo? Todos están corriendo. Sí señor, ya estamos atrás de la cancha de Morelia, la verdad se están escuchando las detonaciones, muy desagradable la verdad. Todos estamos tirados al suelo […] Algo que no se había visto en el football mexicano. No sé si en el football mundial”[2]. Esas fueron las palabras de los conductores de TV Azteca.
            Ayer dije en una red social que Calderón debía renunciar. Las reacciones fueron distintas. Algunos en favor de mi posición, otros me tacharon de intolerante y de tener pocas propuestas. Una persona dijo que el partido, con la balacera, “se puso muy bueno”. Otra persona dijo que era una falta de respeto que yo subiera el video a mi página y que hiciera comentarios ofensivos a Felipe Calderón. Aclararé algo, la esfera privada de ese señor es muy respetable, sin embargo, creo que a algunos se les olvida que él (se supone) es jefe del Estado mexicano. Los comentarios que yo expongo es respecto a su actuar como Presidente (legítimo o no).
            Aclarando lo anterior, me pregunto: ¿Por qué seguimos siendo tan indiferentes ante un sujeto que no ha podido frenar la ola de violencia en nuestro país? ¿Por qué pedimos respeto ante un Presidente que ofrece dinero a las familias que han perdido a sus seres queridos por las labores del ejército? Yo no comparto su posición, para mí sí hay un responsable de la política de seguridad actual y se llama Felipe Calderón. Y si eso no es tenerle respeto (según la costumbre de algunos), pues yo no tengo mucho que debatirles. Prefiero denunciar a un funcionario que no está haciendo bien su trabajo, y lo seguiré haciendo.
            Me dijeron poco tolerante. Yo, en verdad, espero que nunca vivan una experiencia como la que vivió la gente de Torreón. Esa gente, lo aseguro, soltó más de una mentada de madre. ¿Son unos irrespetuosos? Por favor, ¿Qué moral tan doble moralista profesamos? No hay peor ceguera que no querer mirar, dice una cantante colombiana. Pues, aquellos que se sienten ofendidos por la crítica dura hacia Calderón, no quieren ver que el tejido social mexicano está dañado. Somos víctimas de la indiferencia, somos víctimas de la “prudencia”. Pues, yo no seré prudente. No me gusta ver a mi país sumergido en un campo de batalla (en el que el Estado no está exactamente ganando).
            Sí, buscamos que le corten la cabeza a alguien (en sentido metafórico, no se me asusten). ¿Por qué? Porque, repito, se supone que hay un jefe del Estado. Si no cumple con sus funciones, entonces, ¿Quién lo va a hacer? Me contra argumentaban que el problema no es Calderón, sino el PRI. Que la política priísta, en el tiempo en el que el PRI  estaba en el Ejecutivo federal, propicio el desastre nacional. ¿Qué les puedo decir? Por supuesto que el PRI tiene mucha culpa por haber sido indiferente. Pero, si a esas vamos, también tiene mucha culpa la indiferencia del gobierno de los Estados Unidos, el mercado de consumo de drogas. Porque eso sí, algunos de los que me debatían consumen marihuana, ¿Qué cosas, no?
            Sería un engaño tremendo afirmar que la culpa es sólo de Calderón. ¡Claro que todo el sistema tiene la culpa! Desde los gobernadores (de mayoría priísta), hasta los regidores. Desde el Presidente, hasta la sociedad civil. No hemos sabido querer a nuestro país, seguimos esperando a que Calderón resuelva el país. Mientras, consumidos “n” cantidad de drogas, le damos la mordida al policía y demás cosas. Yo sí creo que necesitamos ser duros y criticar. No se confundan, el que se critique no quiere decir que no haya propuestas. Las hay, y en lo personal las vengo promoviendo en redes sociales desde hace tiempo. He dicho que urge una reforma política que establezca mecanismos de participación ciudadana, que nos urge la reelección legislativa, que nos urgen muchas cosas. No obstante, el suceso de ayer, en Torreón, no se resuelve con cuestiones formales. Se resolverá con una sociedad que denuncie la situación de violencia en la que se vive. Necesitamos nacionales que apoyen a las personas de otras entidades federativas. ¿O, qué? ¿Si no es de nuestro estado no vamos a apoyar? O sea, ¿Si no me pasa a mí no me importa?
            Yo respeto, y lo seguiré haciendo, las posiciones ideológicas de todos mis colegas. Pero, eso no quiere decir que deje de hacer comentarios que a mí me parecen pertinentes. Para mí rezar el respeto a Calderón (y, en consecuencia, hablarle bonito) es una majadería al pueblo mexicano. ¿Entonces le beso el cachete como Sicilia para que Calderón sienta apoyo popular? ¡Por Dios! Qué rápido se nos olvida cómo llego Felipe al poder. ¿Acaso obtuvo el apoyo de la mayoría de los electores?
            ¡Es la política, estúpido![3] Esas fueron las palabras mi ex profesora Érika Ruíz. Tiene mucha razón en su artículo, nos faltan líderes sociales. Además, nos falta una juventud más participativa. Insisto, respeto, pero no comparto.



[1]Cd. Juárez - Reclama Madre De Joven Asesinado A F. Calderón ‘Usted No Es Bienvenido...’”, (DE, 21 de agosto de 2011:  http://www.youtube.com/watch?v=jZeVLPbU7EI).

[2]Balacera En Partido Santos vs Monarcas Morelia 20-08-11 Transmision TV Azteca”, (De, 21 de agosto de 2011: http://www.youtube.com/watch?v=x4bg5ciIpgI&feature=feedf).


[3] Érika Ruíz, “¡Es la política, estúpido!, (De, 21 de agosto de 2011: http://www.animalpolitico.com/blogueros-que-necesidad-tengo-yo/2011/08/19/%C2%A1es-la-politica-estupido/). 

domingo, 14 de agosto de 2011

El estado de naturaleza, y así.



Es mejor caer en las manos de un asesino que en los sueños de una mujer ardiente
Federico Nietzshe

Tres días de maratón emocional. Momentos de contemplación y demás cursilerías fueron parte de mi fin de semana. Me encontré en un lugar en medio de la nada donde vi de todo. Ni facebook, ni twitter, ni nada. Sobreviví y no fui víctima del patatús. Eso sí, mis pulmones se dieron un buen descansito, creo que regresaron a su color natural.
            La ociosidad me invadió ferozmente y, en consecuencia, me vinieron a la mente muchas preguntas. Resalto una de ellas: ¿Cuánto nos cuesta separarnos de nuestro control material? Piénsele tantito, los metropolitanos ya no estamos acostumbrados a ver pastito verde (y no me refiero a la mota). Con todo el frenesí natural me fue difícil concretar un tema… pareciera que estuve en  pausa.
            ¿Pues qué le digo? Mañana regreso al reclusorio de intelectualoides. Por supuesto que no es una noticia que me alegre mucho. Sin embargo, el simple hecho de regresar me recuerda que el tiempo pasa, uno cambia y tu gente ya no es la misma. Me fui con la idea de darme un descanso a priori del CIDE. Nunca entendí dónde quedaba “el rancho” en el que estuve. Me fui con la idea de estar en Guanajuato y creo que anduve en el mismísimo Edomex. Pero, como siempre, esa es otra historia.
Le hago una pregunta: ¿Qué tan confiado se siente al viajar por carretera? Al menos, a mí no me inspira confianza alguna. Le cuento, en el pueblo en el que me encontré se nos ocurrió la grandiosa idea de ir a la feria local. Mágicas sorpresas de la vida, el lugar estaba en una parte de la carretera de cuyo nombre no quiero acordarme. Al llegar te recibe un grandioso equipo de policías con rifles; uno ya se sentía de por sí temeroso. Imagínese mi nivel de paranoia.
Típico que uno se pregunta en esas situaciones: ¿Por qué no hacer una relación entre el Estado mexicano y el estado de naturaleza de Hobbes? Pues aquí sobrevive el más fuerte. ¿O no, apá’? Armas picudas, impunidad, corrupción, políticos que no representan a nadie (súmele lo que falte, con confianza), son una mala combinación.  ¿A qué me refiero? Mientras uno piensa en qué tan maravilloso es el retiro a la naturaleza, la cruda realidad regresa al ver a las calles cercados por fuerzas policiacas.  Hobbes partía de un supuesto: el hombre, en el estado de naturaleza, es malo malísimo y requiere de un Leviatán que imponga el orden mediante el uso monopólico de la fuerza (saliendo del estado de naturaleza). El Leviatán es algo así como lo que aspira a ser el Estado mexicano: una autoridad (y todo lo que esto implica). Curioso, en el estado de naturaleza el más “fuerte” sobrevivía, el otro pos’…
El monopolio de la fuerza quiere decir que sólo un ente puede ejercer la fuerza a gran escala. Cada día se demuestra que Calderón no es el único que dispone de todo un ejército. De nuevo, lo invito a que haga algo: ¿Quién puede más? ¿Nuestro Leviatán (Estado mexicano) o la sinrazón de algunos matones? Yo pienso que el primero. Sin embargo, para mí el futuro es incierto. Vea usted a sus gobernantes: ¿No será que las fuerzas enemigas tienen el control de una parte de nuestro Leviatán (y en consecuencia el uso de la fuerza del Estado)? Creo que sí, y la violencia desmedida es una prueba fehaciente de que retrocedemos, que aquí vivimos bajo el régimen del más “fuerte”.
Me confieso fan del fetichismo legal  de Lamaitre[1]. Algunos políticos sienten que todo se soluciona con leyes, y así. Nos dicen que hay reformas de ley, nuevas leyes, eliminación de leyes obsoletas, etc. ¡Claro que son avances! Pero, la realidad fáctica es otra. ¿Apoco no está muy bonito esto de los derechos humanos y sus reformas? Sólo un detalle… ni el Estado, ni nosotros, sabemos respetar cosas básicas como la vida. Con todo y el caso Radilla (decisión trascendental de la SCJN) los abusos a la vida humana son el PAN de cada día. Ya no se nos hacen raras las portadas de algunos “periódicos” con un número de personas a los que la Reina Roja mandó decapitar.
El estado de naturaleza no conoce de derechos humanos y demás cursilerías. Lo grave es que nuestro Leviatán tampoco conoce nada en esa materia. Se ratifican jueces expuestos a la luz pública que violan claramente garantías individuales, esto es delicado. Y claro que lo anterior es una directa a Héctor Palomares, “juez” de Presunto Culpable… neta, sólo en México les dan más chamba por una labor tan reprobable. Como ciudadanos la tenemos difícil: o nuestro Leviatán premia a la corrupción, o éste se está debilitando a tal punto que ya nos acercamos al estado de naturaleza.
            Y, ¿cómo vamos a rescatar a este país si la mayoría sostiene un lenguaje excluyente? Neta la tolerancia aquí es un cuento y nada más. Nos creemos dueños de la gente de abajo. Los billetes en tu cartera te dan un estatus social, ese es el sistema. No, no soy comunista. Pero, basta con ir a un pueblo en medio de la nada para darse cuenta que existen mundos paralelos. Unos condenados a seguir tal y como están: fregados. Por lo tanto, ¿Qué derechos humanos? ¿Qué respeto a nuestra sociedad? Siempre lo he dicho, el cambio está en nosotros. Si no nos gusta ver a un país inmerso en la violencia, intentemos cambiar y promover ese cambio. Intentemos respetar más al otro por el simple hecho de ser humano. Si tu compras el periódico por el morbo de ver con cuántas balas lo/a mataron, estás mal.
            Nuestro Leviatán no se va a fortalecer hasta que nosotros lo hagamos, ¡Urge construir ciudadanía! ¿Por qué? Por el simple hecho de que nuestro país está fregado. No simpatizo con el señor AMLO, pero, ¡Qué razón tiene! Sólo el pueblo puede salvar al pueblo.
            Fin de semana de naturaleza, de estar lejos del caos de la ciudad. La realidad es una muy distinta a las comodidades del rancho. Somos personas, merecemos respeto y trato equitativo.  Creo que Nietzshe  no se imaginaba la realidad en que viviría México al decir: “Es mejor caer en las manos de un asesino que en los sueños de una mujer ardiente”.




[1] Visible en http://www.law.yale.edu/documents/pdf/sela/JulietaLemaitre__Spanish_.pdf.

domingo, 7 de agosto de 2011

Una charla y nada más.


¡Qué bien se sienten los audífonos! Cuando la magia musical entra al cuerpo, todo un nuevo escenario se construye. Jugamos a perdernos un ratito en otro mundo. Hay mil y un historias para contar: amores, conspiraciones del destino, etc.
Bienvenido al mundo, hoy las palabras al aire son sólo eso. Sí, estaba lleno de tristeza y los recursos, para sentirme mejor, se agotaban. Mi mundo se resumía en todo y nada. La tecnología, tan (in)eficiente como siempre, sirvió para algo: quedamos en vernos.
Llegando al café no pude encontrarlo a la primera “¿Me habrá dejado plantado?”. Y, de nuevo, la tecnología:
-       ¿Dónde estás?
-       Arriba.
            Sí, estaba sentado frente a un ser humano al que hace mucho tiempo no veía. Ni cigarros, ni café… no fueron requisitos para una charla honesta. Los dos ya sabíamos a que íbamos. El mal de amores era un factor común. Él me contó que padecía de extrañarla, yo le contaba que para mí no era preocupante. Digo, ¿qué seríamos si no pudiéramos sentir? Él tenía tanto amor por ella que los ojos le brillaban… aún con todo lo sucedido.
            ¿Hasta dónde llega nuestra capacidad de perdón? No supimos responder, sólo sabíamos que teníamos una meta en común: saberlas felices. Comenzamos a contar dos historias. Lo típico: los novios, el percance y el final. Para nuestra sorpresa, comprendimos que los hechos no eran tan distintos. Las amábamos y, pues, algo pasó. Un enemigo en común llegó y las cosas tuvieron que cambiar.
No obstante, ni él ni yo cambiamos. Sus lágrimas y mis lágrimas estuvieron ahí: dos hombres sinceros que, al fin de cuentas, creen en algo llamado amor. La idea del compromiso ha estado en mi mente desde hace ya tiempo. ¿Qué es? ¿Para qué sirve? ¿Por qué cumplir con uno? Coincidimos en que creer en alguien, sin importar lo ocurrido, es un loable. Que un compromiso no debe ser terrible, sino sagrado. Ahora, me burlo de mí por tratar de limitar con palabras técnicas a algo del corazón, por tratar de razonar algo que sólo se siente.
Masoquismo, puro y estúpido masoquismo. Todo era, según yo, terrible: voy a estar solo, tengo miedo de no sentirme querido. ¡Patrañas! Nunca se está solo. La vida es muy sabia y nos trae en el momento preciso a las personas indicadas. ¡Cuánto tiempo sin haber valorado tanto a un amigo! ¿Qué seríamos sin ellos? Desde una risa hasta un llanto, él siempre va a estar ahí.
Mientras hablábamos de nuestras carreras comprendimos que el éxito de las nuevas oportunidades dependerán de tirar todas y cada una de nuestras barreras. Éxitos del corazón, claro está. No nos van a lastimar si sabemos que la otra persona es un gran ser humano. ¿Cómo saberlo? Sintiendo ese no sé qué que qué se yo cuando se está cerca de ella. No, nosotros no nos equivocamos. Vi en sus ojos a una persona que creció y aprendió de esto. Él está preparado para continuar con una batalla que, estoy seguro, no perderá. Llegará una princesa para él, para un caballero.
Siempre las querremos, de eso no hay duda. Siempre estaremos ahí, pero más importante… siempre será mi amigo y quiero verlo feliz. Nuestras decisiones estarán en función del corazón, sólo de eso.

Cursilerías de la semana:
1.    Karina Amador y Elisa Gómez: “las palabras maravillosas sólo son intentos de replicar la magia de personas maravillosas”. Si mis palabras son maravillosas, es porque ustedes lo son.
2.    Roberto Déciga: llorar, reír, estar ahí. Siempre tendrás a un amigo a tu lado, te quiero mucho.