jueves, 27 de octubre de 2011

90% de alcohol y 10% de representación (sic)*

“Consideramos que este planteamiento (la reelección consecutiva de legisladores federales) es correcto pues durante el primer periodo en el cargo respectivo no es posible realizar una evaluación correcta de su comportamiento como legisladores”[1].

Una democracia imaginaria crece en la mente y corazón de algunos valientes. Las conquistas parecen tan cercanas que la derrota, que llega tan pronto, sabe amarga y hiere. El pueblo de México sigue dormido y no da señales de querer cambiar.
            Seguimos sufriendo los efectos de los mal diseñados ciclos electorales en nuestro país, la coordinación entre poderes parece una utopía que nos cuesta mucho (dinero y coraje). El ciudadano Felipe Calderón ya no tiene mucho que hacer con un Congreso en donde las voces particulares apenas y producen eco, la verdadera negociación está a cargo de los siete caballeros del Zodiaco (en términos legales: coordinadores parlamentarios).
¿Y a quién le importa lo que hagan o dejen de hacer nuestros legisladores? - Como todos los días, el señor Chindasvinto se levantó de su cama, le dio un beso a su esposa y despertó a sus hijos. Abrió su refrigerador, como de costumbre, y volvió a fruncir el ceño por la escasez de comida. Se despidió de su esposa deseándole un buen día. Introdujo su mano en la bolsa derecha de su pantalón: sólo tenía 16 pesos. Fueron 8.5 pesos del camión y 6 pesos de los boletos del metro, por lo que tendría que pedir prestado a su mejor amigo del trabajo para poder comer y regresar a casa. Ya en la entrada del metro se escuchaba el tradicional grito de aquel sujeto que vendía los periódicos. El más barato era el de “a peso”, comprar “El Universal” le era imposible a Chindasvinto. Además, ¿A quién le importaba aquella primera plana que apenas y le era comprensible con el título “Sepultan diputados reelección legislativa”? Todos son iguales…
Por supuesto que lo anterior es una ficción, pero no dudo que sea la historia de más de uno. En consecuencia, aquellos que afirmaron que toda la ciudadanía protestó en contra del voto del PRI, PVEM y PANAL en la Cámara de Diputados al discutir el tema de reelección consecutiva de legisladores cometen un grave error. Chindasvinto, también llamado “el ciudadano promedio”, apenas y se enteró de que le fue arrebatada la oportunidad de destruir al peor enemigo de nuestro Congreso: el sistema de fracciones parlamentarias. De nuevo, la “representación popular” fue el diputado ausente en la sesión ordinaria y su falta desgarró la poca investidura que le quedaba a ese conjunto de 500 cabezas.
Los tiempos de los grandes héroes de la patria, de los grandes jefes del Estado mexicano, van acabando. Fox no significó un cambio en nuestro sistema político, Calderón llegó deslegitimado y el siguiente llegará con una sociedad que permanece apática. Casualmente, en el lenguaje cotidiano el legislador vale un comino, no parece importante, no es tomado en cuenta como un sujeto que tiene obligaciones hacia nosotros.
¿Quién representa? ¿Quién puede comunicar el deseo del pueblo? Aquellos que digan “yo puedo” son valientes porque representar a quien no quiere ser representado es una tarea difícil. A la nación mexicana poco le importa el grupo de élite, que también se dicen diputados/senadores.
Nuestra plaza para denunciar los abusos del poder se encuentra medio vacía. Las demandas son muchas, las voces son pocas.  ¿Todos son iguales? ¿Qué tal que nuestros gobernantes son el reflejo del pueblo?
No obstante, no todo fue tan malo ya que sí estuvieron presentes diputadas y diputados que, insistentemente, sostuvieron la viabilidad de aprobar la reelección consecutiva. Entre ellos estuvo el diputado Jaime Cárdenas[2] que en años anteriores ya había aportado su crítica al tema diciendo que  la reelección consecutiva: 1) estimularía la profesionalización de los legisladores (fortaleciéndolos frente al Ejecutivo), 2) constituiría el mejor mecanismo de rendición de cuentas a los ciudadanos (quienes podrían premiar o castigar), y 3) se lograría una mayor independencia del legislador frente al ciudadano[3].
Me decían algunos diputados del PRI: “si aprobamos la reelección legislativa, los futuros diputados se perpetuarán en el poder”. Sólo que ellos ignoraron, voluntariamente,  que sólo el 40% de los legisladores en América Latina continúan en sus cargos[4]. Tal vez porque la reelección profesionaliza al legislador dándole incentivos para quedarse, si realmente le gustó la actividad legislativa, o buscar otro cargo de elección popular. Decirle que no a la reelección legislativa sí es tenerle miedo al castigo que la ciudadanía podría imponerles a los malos diputados y senadores. Se les olvida que de donde emana el poder es de nosotros, la gente. Tenemos el derecho pleno de castigar o premiar a nuestros funcionarios, y ellos deben reconocerlo incorporándolo a nuestro sistema jurídico.
Este artículo está especialmente dedicado a los tres diputados federales del municipio en donde habito: David Sánchez, Sergio Mancilla y Rodrigo Reina.

Paco Rubio.
Twitter: @pacorubioo


El título hace una parodia a las palabras emitidas por el diputado Julián Nazar Morales, en la sesión ordinaria del 25 de octubre de 2011, dirigidas al diputado Porfirio Muñoz Ledo.
[1] Ignacio Burgoa, Derecho Constitucional Mexicano (México: Editorial Porrúa, 2009), 1048.
[2] Diputado federal por el Partido del Trabajo.
[3] Jaime Cárdenas, Edgar Corzo, Eduardo Ferrer, Víctor Martínez, Ricardo Sepúlveda & Dora Sierra, para entender La Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos,  (México: Nostra Ediciones, 2007),  229.
[4] Gabriel Negretto,  La dimensión electoral de la reforma política, en Debatiendo la Reforma Política,  ed. Gabriel Negretto, 59 (México, Centro de Investigación y Docencia Económicas, 2010).