Pocos, muy pocos, son los momentos que tenemos para crecer. Cubetazos de agua fría nos vuelven más humanos. En mi caso, separarme de una mujer a la que amo, admiro y respeto. Pero, en tiempos difíciles uno se pregunta: ¿es necesario sufrir para crecer?
Toda la historia de un amor en los tiempos del “facebook” (y demás modernidades) me hacen reflexionar sobre la importancia de aceptar y cumplir con un compromiso llamado noviazgo. ¡Éste claro que es un título que uno lleva pegado en la frente! Sin embargo, el noviazgo no es permanente, o sea, debe renovarse día con día para sobrevivir. Amar implica muchas cosas, entre ellas querer mejorar con la otra persona.
Sí, vivimos en una sociedad que profesa mayoritariamente la monogamia. El noviazgo es cosa de dos. Este compromiso sólo puede sobrevivir si las dos partes dan de sí mismos lo suficiente para “ser uno mismo”. Extrañar a la otra persona es un indicador fundamental. Si uno ya no siente la necesidad de estar con el otro, se vive en un engaño. Este título pegado en la frente se invalida cuando la otra persona deja de querer cumplirlo. Cuando uno deja de querer saber del otro el kleenex, los chocolates y las películas (esas que te hacen llorar) se aproximan.
Le decía a la mujer a la que amo que “el amor no tiene límites”. ¡Vaya que se nos olvida eso! Querer va más allá de mandar, como locos maniaco-depresivos, mensajes de texto cada dos minutos. Amar no es mandar un inbox a la otra persona o darle RT a todos sus tuits. Definir lo que significa “amar” sería limitar a algo maravilloso que no puede ser descrito con vagas y ambiguas palabras.
Un amigo me decía “¿eres católico?”, yo respondí “no del todo”. ¿A dónde quería llegar mi amigo? Me dijo: “entonces, tú no tienes la obligación de perdonar”. No creo que una religión sea requisito para deber perdonar a personas maravillosas. Simplemente, saber amar también implica saber perdonar.
Yo ya he perdonado. No obstante, olvidar… ¡ay, cuesta mucho olvidar! Cuando se termina una relación viene el “¿En qué falle”, el “me siento solo/a”, “quiero matarla/o”. Uno no puede ser incongruente con sus ideales. Al decir “eres mi mundo”, “te amo”, y demás cosas repletas de miel, se debe estar seguro de decirlas con honestidad. Yo las dije sinceramente, mi mundo era una persona. Sí, algunos pensarán que estoy loco u obsesionado. No lo creo, sé perfectamente que puedo sobrevivir sin algún amor, sé perfectamente que puedo salir adelante. Esto no quiere decir que no la extrañe con todo mi ser, mucho menos que no me duelan sus lágrimas de arrepentimiento.
No, no es necesario sufrir para crecer. Crecer es un asunto de convicción y acciones. Amar es un asunto del corazón. Esa persona sabe que la amo con cada latir de mi corazón, sabe que mataría a cualquiera que la lastimara. Y, aunque ella no pudo renovar el compromiso, admiro su capacidad de crecer y querer renovarse. Somos humanos, cometemos errores y lastimamos a quienes nos aman. Pero, la vida siempre nos da una segunda oportunidad para luchar por lo que queremos.
Luchar significa tener nuestra meta bien clara. Aunque mil obstáculos se atraviesen en nuestro camino, nuestra espada debe ser resistente y fuerte. Caer y saber levantarse, esa debe ser la estrategia. Hoy yo me caí, hoy me levanto. Sí, caeré demasiado, pero cada levantada la disfrutaré como nunca. Ella también lo hará, ella sabrá asumir su responsabilidad y cambiar. Cambiar no es malo, no es una imposición social. Cambiar es una nueva oportunidad para crecer luchando.
Hoy mi corazón llora, pero lucharé por verte como lo que eres: un ser humano y no un juguete de nadie.
Te amo.
Francisco José Rubio:
ResponderEliminarNo dejas de sorprenderme, aún en momentos de dolor incomprensible.
Te llevas mi admiración.
Con cariño,
Elisa